miércoles, 20 de junio de 2007

Dichos populares 23

UN CLAVO SACA A OTRO CLAVO:
Esta locución quiere expresar que una pena se olvida con otra, especialmente en el terreno amoroso. La frase ya aparece en las “Tusculanas”, de Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.) al hablar de las penas provocadas por el mal de amor: "Novo amore, veteram amorem, tamquam clavo clavum, eficiendum putant" ('el nuevo amor saca al viejo amor, como un clavo a otro”). En el sur de España, particularmente en Andalucía, la locución que citamos es análoga a otra que es muy utilizada en el léxico popular en lo que concierne a los desamores : “La mancha de la mora con otra verde se quita”.

UN OJO DE LA CARA:
La primera persona que la utilizó, el conquistador Diego de Almagro, perdió un ojo en el asedio a una fortaleza inca. Al presentarse ante Carlos I se lamentó que "El negocio de defender los intereses de la corona le había costado un ojo de la cara". Tanto insistió en este hecho que pronto esta frase se difundió entre los soldados en referencia a algo peligroso o complejo, llegando así hasta nuestros días.

VER EL CIELO ABIERTO:
Esta locución se suele utilizar cuando se produce el fin de una situación de desgracia o se encuentra la solución a un problema. Probablemente proviene de un pasaje de los “Hechos de los Apóstoles” (VI y VII), en el que se narra el martirio por lapidación de San Esteban. Se cuenta que mientras los agresores recogían del suelo las piedras para lapidarlo, el santo elevó los ojos y vio “los cielos abiertos”, como esperando su acogida en el Paraiso. Otra versión alude al alivio del agricultor cuando ve que el cielo abre (desaparecen las nubes) después de una abundante lluvia

VER LOS TOROS DESDE LA BARRERA:
Esta frase está tomada del mundo de los toros y significa metafóricamente ‘hallarse frente a una situación difícil y optar por no intervenir en ella con el objeto de opinar o de prestar ayuda’. El origen de esta expresión alude a la barrera, que es la primera fila de asientos en la que se acomoda el público en la plaza de toros. Los espectadores que están situados en esta zona privilegiada tienen una magnífica visión, pero no corren peligro de que el toro llegue hasta ellos, aunque en alguna ocasión muy puntual, al saltar el toro sobre esa zona, haya sucedido lo contrario con el consiguiente riesgo para los espectadores situados en tan privilegiada posición.

VÉRSELAS NEGRAS:
El origen histórico de esta locución se remonta a la antigua Grecia y, en concreto, al procedimiento por el que los ciudadanos llegaban a ocupar cargos públicos. Estos se otorgaban confiando en el azar, mediante el sistema de extracción de "sortes" (bolas o pedacitos de madera marcados, que por otra parte, dieron origen a la palabra "sorteo") por los que se creía que se expresaba el oráculo. En este sistema, las bolas blancas simbolizaban la suerte venturosa y las negras, la suerte adversa. Esta interpretación mágica de las suertes se ha mantenido a través del tiempo y de él proviene la expresión "vérselas negras”, derivada a su vez de “tocarle a uno la negra”, expresión también muy utilizada en España y que, en el lenguaje coloquial, señala el infortunio de una persona en cualquier relación determinada por el azar.

VÉRSELE EL PLUMERO:
El origen de la expresión “vérsele el plumero” proviene, según antiguas fuentes, de una fábula de Esopo , la titulada “La corneja y los pájaros” y que se cuenta así : 'Un día Dios decidió elegir al pájaro más bello. Una corneja, sabiéndose poco agraciada, comenzó a recoger las plumas de colores que encontraba caídas, para con ellas hacerse un copete. Una vez presentada al concurso la corneja tenía un aspecto estupendo y a punto estuvo de ganar, pero... se le vio el plumero'. .- José María Iribaren, en su obra “El porqué de los dichos”, alude, en cambio, con respecto al origen de esta expresión, al penacho de plumas de mas de un palmo de altura que coronaba el morrión de los voluntarios de la Milicia Nacional española en 1820 y estaba referida a los que querían dárselas de liberales sin serlo. Don Práxedes Mateo Sagasta fue caracterizado así en una caricatura de un periódico de la época, tocado con el citado morrión y la siguiente leyenda : -¡ Don Práxedes! ¡ Qué se le ve el plumero!

VÍSTEME DESPACIO, QUE TENGO PRISA:
Esta locución tan popular ha sido atribuía a diferentes protagonistas de la Historia. Desde Carlos III a Fernando VII, pasando por Napoleón Bonaparte, una gran mayoría de los detentadores del poder político parece haber pronunciado alguna vez esta frase que, por otra parte, no es una genialidad y sí un hecho que muchos de los protagonistas de importantes acontecimientos históricos pudieron haberla utilizado en algún momento de su vida. La menos increíble de las versiones que circulan sostiene que fue el emperador Augusto (que cronológicamente, precede a los demás) quien solía exhortar a sus servidores diciéndoles "Apresúrate lentamente". Con el tiempo, la locución habría sufrido variantes, pero manteniendo siempre la vigencia con la que llegó a nuestros días y a través de la cual se aconseja a otra persona a que actúe con calma y tranquilidad en el momento más delicado de una situación, debido a que cuando se procede apresuradamente, lejos de abreviar problemas, esa premura suele entorpecer y malograr los mejores propósitos.

VIVA LA PEPA:
Con el paso del tiempo esta expresión popular ha cambiado de significado. Actualmente se le ha dado un sentido de desenfado y jolgorio y se aplica a quienes tienen un carácter despreocupado. Sin embargo, hasta hace relativamente poco tiempo, la expresión “¡Viva la Pepa!” era un grito subversivo empleado durante muchos periodos políticos. La frase venía a sustituir a esta otra: “¡Viva la Constitución de Cádiz!”. Ésta era conocida cariñosamente como la Pepa, porque fue jurada y promulgada el día de San José, el 19 de marzo de 1812. Dos años más tarde, el rey Fernando VII, tras su regreso a España, abolió la Constitución de Cádiz y se prohibieron los gritos a su favor. Es por ello por lo que los españoles que se oponían al absolutismo se referían a ella en clave gritando: “¡Viva la Pepa!”.

VIVIR DEL CUENTO:
Esta frase hecha significa vivir sin trabajar, vivir de la fama alcanzada, así como llevar una vida absolutamente confortable y ociosa, aunque también tiene el sentido de vivir parasitariamente, a costa de otra u otras personas. Su origen pudiera considerarse como crítica a los escritores que viven del éxito de sus obras y que a los ojos del resto de los ciudadanos no realizan un gran trabajo diario. Sería, pues, una crítica al trabajo intelectual, frente al trabajo manual que ha sido tradicionalmente más valorado por la sociedad.

ZAPATERO A TUS ZAPATOS:
El dicho se atribuye a Apeles, el célebre pintor griego. El artista acababa de terminar el retrato de un noble y lo expuso. Estaba ansioso por oír los comentarios de sus conciudadanos. Para escucharlos sin ser visto, se escondió detrás de un cortinado. Muchos fueron elogiosos, salvo los de un zapatero que criticó desfavorablemente la forma de los zapatos. Apeles reconoció que las críticas eran justas y corrigió el cuadro. Al día siguiente, el hombre volvió y, al comprobar que sus observaciones habían sido tenidas en cuenta, opinó sobre otros aspectos de la obra. Apeles, que nuevamente estaba escondido, apareció enojado y le dijo:"¡Zapatero, a tus zapatos!"; no estaba dispuesto a aceptar todas las críticas; una, que consideraba correcta, sí, pero eso no le daba al zapatero autoridad para seguir opinando sobre otros aspectos.

¡ABRETE, SÉSAMO!:
Esta locución suele utilizarse en sentido exclamativo, a modo de conjuro verbal ante una determinada acción que debe revelar un secreto oculto. Tiene un sentido mágico y procede del célebre cuento de “Alí Babá y los cuarenta ladrones” del legendario libro oriental de “Las mil y una noches”, de autor anónimo. “¡Abrete, Sésamo!” era la fórmula mágica que abría la puerta de la gruta en la que los ladrones eocultaban los tesoros objetos de sus robos.