miércoles, 20 de junio de 2007

Dichos populares 17

PARA EL LADO DE LOS TOMATES:
La planta de tomates es un vegetal muy problemático para los horticultores. Esta suele contaminarse con todo tipo de hongos y parásitos que, si no son tratados a tiempo, no sólo matan a los tomatales sino que además al resto de las plantas sembradas. Razón suficiente para que los horticultores las planten bien alejadas del resto de las plantas. Es por esto que decir “se fue para el lado de los tomates” significa algo así como decir que se fue muy lejos del significado real.

PELILLOS A LA MAR:
La locución proviene de una remotísima costumbre : el hecho de arrancarse algunos pelos de la cabeza y arrojarlos al viento como significado de reconciliación. Entre los griegos del período clásico se hizo popular tal hábito y así se menciona en la "Iliada", de Homero durante las ceremonias del rapado de corderos y el aventado de sus lanas. Hasta tiempos bastante cercanos era habitual que los niños andaluces, cuando querían zanjar sus diferencias, depositaban los pelos que se habían arrancado de la cabeza en la palma de la mano y, soplando, exclamaban: "Pelillos a la mar", en alusión a que el viento habría de llevarse también las disputas hacia el inmenso mar, lo mismo que se llevaba los pelitos. Trasladada al lenguaje común, la frase mantiene su primitivo significado y se la usa en el sentido de allanar o limar diferencias en las relaciones personales..

PENDER DE UN HILO:
El dicho “pender de un hilo” entraña en su significado estar acechado por un gran riesgo o amenaza, temor a una posible desgracia o estar en alerta con sobresalto y duda, esperando un acontecimiento negativo. Tal locución está firmemente relacionada con la expresión 'cortar el hilo de la vida', que no es otra cosa que matar, y 'pender la vida de un hilo'. Proviene de la mitología griega, y hace referencia a las Parcas. Éstas tres hermanas hilaban y cortaban el hilo de la vida del hombre con su rueca. Clotho, la primera y más joven, recogía el momento del nacimiento y tenía el hilo del destino de los hombres. La segunda, Lachesis, era quien dirigía el curso de la vida. Atropos (la realmente conocida como 'la Parca'), se dedicaba a cortar con sus tijeras el hilo.

PEPE:
En los conventos, durante la lectura de las Sagradas Escrituras al referirse a San José, decían siempre "Pater Putatibus" y por simplificar "P.P.". Así nació el llamar "Pepe" a los José.

PERDER EL NORTE:
Aplícase este modismo a la persona que pierde la razón y se comporta de manera desordenada y errática, como si no supiera donde está ni de que se ocupa. También tiene el significado de perder el sentido de la orientación o de la realidad. Este modismo es una figuración, en su origen, del arte de la navegación y del papel desempeñado por la Estrella del Norte o Estrella Polar en la orientación de los navegantes, especialmente en la Antiguedad. En sentido contrario al literal de este modismo está el de “dar norte”, que es dar orientación o información de algo o de alguien.

PISAR EL PALITO:
Cuando, inducido por otros, alguien hace justo lo que lo perjudica, suele decirse que ese individuo "ha pisado el palito". La frase vale se debe a una jaula-trampera que hasta no hace mucho se vendía en los comercios. Tenía una suerte de puertita o ventana rebatible provista de una barra corta o palito. Junto a ese apoyo se colocaba agua, lechuga y alpiste como cebo para que se posara algún pájaro suelto. Ni bien lo hacía, su peso ponía en acción un resorte que desplazaba rápidamente esa parte de la jaula dejando encerrada a la presa. José Gobello, por su parte, atribuye el dicho a los ladrones de gallinas. De noche, éstos metían una vara en el gallinero, el animal se agarraba al palo dejando así que los ladrones lo retiraran en silencio. Nada impide que ambas versiones se ajusten a la verdad. Al igual que las aves de corral y los pajaritos, nadie está libre de portarse incautamente. Y nunca falta gente de mala fe dispuesta a hacer que alguien pise en un descuido el palito de la ingenuidad.

PONER LAS MANOS EN EL FUEGO:
En los antiguos pueblos paganos de la Germania existía la costumbre de realizar juicios ante los Dioses cuando surgía un litigio entre dos personas. Una de las formas más comunes de ver si ésta persona estaba siendo sincera era ponerle un fierro caliente en sus manos, o alguna otra parte del cuerpo. Si la persona salía corriendo significaba ser culpable.

PONER LOS PUNTOS SOBRE LAS IES:
Durante el transcurso del siglo XVI fueron introducidos los caracteres góticos en la escritura común. Entonces, los copistas -importantísima profesión en esa época- adoptaron la práctica de poner una pequeña tilde sobre la “i” minúscula, para evitar que la presencia de dos de estas letras seguidas fuese confundida con una "u". Esta innovación no fue bien recibida por todos los escribas de la época y por algunas de las personas letradas, de manera que comenzaron a discrepar con la medida; tanto fue así, que para muchos, la acción de poner los puntos sobre las íes no pasaba de ser una prolijidad ociosa, propia de personas excesivamente meticulosas y maniáticas del esmero. Con el correr del tiempo este concepto fue desplazado por el que tiene la frase en la actualidad, es decir, ejecutar todo muy detalladamente, sobre todo lo que normalmente se hacía de manera imprecisa, aunque entre nosotros suele aplicarse a la persona que siente la necesidad de aclarar determinada situación porque prefiere las cosas transparentes.

PONER PIES EN POLVOROSA:
A pesar de que no puede afirmarse con certeza, todo lleva a pensar que el origen de esta expresión alude a un hecho bélico histórico protagonizado por el rey de Asturias y León, don Alfonso III. Al parecer, este monarca estaba bastante preocupado por las incursiones de los moros en su territorio y un buen día resolvió poner punto final a las tropelías de los sarracenos, para lo cual, salió a cortarles el paso a orillas del río Orbigo, en una región conocida como los Campos Palentinos de Polvorosa. Luego de una compleja, cruenta y exitosa contraofensiva del monarca astur, el ejército islámico debió dispersarse en fuga desordenada, de donde la conocida expresión poner pies en Polvorosa comenzó a aplicarse con valor de huida brusca y precipitada. Otras versiones, un poco menos documentadas, remiten el origen de este dicho -en sentido figurado- a la polvareda que levanta alguien cuando huye; también aluden a que en el lenguaje de los delincuentes (germanía) se llama polvorosa a la calle. En la actualidad, aunque un poco menos difundida, esta expresión es utilizada en el mismo sentido.

PONERLE EL CASCABEL AL GATO:
Según la página “1de 3” esta expresión se refiere a la impotencia de los más débiles para tomar precauciones frente a los más fuertes que abusan de ellos. También para referirse a la realización de una tarea complicada o peligrosa, para la que es prácticamente imposible encontrar un ejecutor. El origen de esta expresión parece estar en un cuento popular, recopilado en el siglo XIV en el “Libro de los gatos”, que es un manuscrito que se encuentra en la Biblioteca Nacional de España, cuyo cuento número 55 lleva por título “De los mures con el ratón” en el que los ratones discuten en consejo como prevenirse de las amenazas del gato y uno de ellos propone ponerle al felino un cascabel o una esquila para avisar de su llegada, a lo que ninguno de los ratones se atreve. Felix María de Samaniego, en su Fábula VIII, aporta otra versión de este cuento.

1 comentario:

LA TIATAN dijo...

ME GUSTA LO DE PEPE... JEJEJEJE.
VOY A SEGUIR LEYENDO.
UN BESO REINA