jueves, 12 de abril de 2007

Dichos populares 2

A TONTAS Y A LOCAS:
Según el Diccionario de la Real Academia Española, significa "hacer una cosa con desbaratamiento, sin orden ni concierto". Es frase muy antigua, que se encuentra ya en “Don Quijote” en los versos truncos, de cabo roto, que dirige Urganda la Desconocida, en la parte poética preliminar de la novela. Cervantes, jugando con el vocablo, emplea esta segunda imagen no sólo como expresión adverbial sino en su simple sentido, llamando tontas y locas a las doncellas que se entretenían en vanas ilusiones. Algo parecido ocurre con la historieta atribuida al dramaturgo Jacinto Benavente, a quien habiéndole propuesto unas damas que pronunciara una conferencia en un club femenino, allá por los años veinte del pasado siglo, contestó que no le gustaba improvisar, hablar "a tontas y a locas", jugando con el sentido literal y el sentido adverbial del vocablo. Esta anécdota, como tantas otras, ha sido atribuida a Jacinto Benavente, sin mucho fundamento, y aunque es posible que se expresara tan sarcásticamente, la frase no era suya. El licenciado Juan de Robles en la primera parte de su obra “El culto sevillano”, escrita en el siglo XVII, dice refiriéndose al fraile agustino fray Juan Farfán:"Convidáronle ciertas monjas para predicarles un sermón grave, dándole poco lugar de estudiar. Subióse al púlpito y excusóse de ello y remató la excusa diciendo: "Pero al fin, hoy predicaremos a tontas y a locas, como pudiéramos". Éste debió de ser un chascarrillo bastante vulgar en los postreros años del siglo XVI puesto que se registraba también en los “Diálogos de apacible entretenimiento” de Gaspar Lucas Hidalgo (Barcelona, 1605). Y en Luis Quiñones de Benavente, en el siglo XVII. Cosme,un personaje de su “Entremés del soldado” dice: “De aquestas palabras pocas/ no os agraviéis, damas, no/ que ya se sabe que yo/ lo digo a tontas y a locas”

A TRANCAS Y A BARRANCAS:
Este modismo se utiliza a modo de adverbio coloquial y viene a significar “realizar una acción o acometer una empresa con grandes dificultades”. Con el término “tranca” acompañado del verbo “llenar” o el adjetivo “lleno”, que generalmente se dan por consabidos, suele también utilizarse otro modismo muy popular en el idioma castellano de España, “hasta las trancas”, equivalente a decir “lleno a rebosar, al máximo de su capacidad”, bien referido al aforo de un local o a la capacidad de un recipiente.

¡AHÍ QUEDA ESO!:
Esta frase exclamativa tiene varias acepciones. Tanto se utiliza para expresar perplejidad y sorpresa ante un hecho o situación determinados, como para aplaudir o refrendar lo que otra persona dice o hace, como para zanjar desdeñosa y airadamente alguna situación enojosa o incómoda. Con este último significado se le atribuye al general Espartero que, tras una viva controversia política sostenida en presencia del también general O´Donnell, exclamó ante la reina Isabel II: "¡Ahí queda eso!. Y cuando la revolución llame a las puertas de este palacio, no me llame Vuestra Merced, porque no acudiré más en vuestro socorro". Como, en efecto, sucedió. La expresión se sigue usando hoy, coloquialmente, en este mismo sentido, aunque en el léxico popular también suele utilizarse en lo que concierne a las otras acepciones de la frase.

AHUECAR EL ALA:
Se suele utilizar la expresión “ahuecar el ala” como sinónimo de ‘marcharse, irse ante una situación comprometida o delicada’. La procedencia de este modismo se origina en la comparación entre las alas de un ave que se ahuecan en el momento en el que va a iniciar el movimiento, (especialmente ante la presencia de un inminente peligro) al igual que la persona que al ponerse en marcha mueve los brazos al tiempo que las piernas.

¡AGUA VA!:
En la Edad Media, el sistema de alcantarillado y la presencia del cuarto de baño en las casas de familia españolas (lo mismo que en las francesas, inglesas, etcétera) no era tan común como en nuestros días; de hecho, para satisfacer las primarias necesidades fisiológicas, las familias de entonces utilizaban bacinillas (comúnmente llamadas hoy "escupideras", porque primitivamente cumplían esa función) dentro de las cuales depositaban sus abluciones. Era algo cotidiano, entonces, que por las mañanas, las señoras de la casa recogiesen estos recipientes y vaciasen su contenido simplemente arrojando desde las ventanas su contenido (en este caso, exclusivamente líquido) a la calle, pero poniendo mucho cuidado de advertir a los posibles transeúntes del peligro inminente, para lo cual exclamaban a viva voz: "¡Agua va...!". Con el tiempo, y cuando las instalaciones sanitarias progresaron, desapareció la costumbre, pero el dicho permaneció en el uso popular como sinónimo de advertencia. Con posterioridad surgió la variante "sin decir ¡agua va!", equivalente al actuar sin la precaución de advertir a alguien sobre la acción que uno iba a acometer, muchas veces perjudicando a otra persona, tal como hubiera obrado una señora de aquellos tiempos que se dispusiera a arrojar el contenido de la bacinilla sin avisar.

AL QUE QUIERA CELESTE QUE LE CUESTE:
Quien anhela obtener algo muy valioso debe estar dispuesto a afrontar su precio, por alto que éste sea. El dicho y su moraleja guardan estrecha relación con un mineral, el lapislázuli, que se extrae de unos pocos lugares de Oriente. Con él se fabricaba un bellísimo color azul, muy resistente a la acción del tiempo, que por su procedencia fue llamado azul de ultramar. La gran rareza del lapislázuli y el alto costo de su transporte hicieron que su valor fuera comparable al del oro. Cuando los papas y los grandes señores del Renacimiento encargaban un cuadro, se estipulaba por contrato cuánta pintura de oro y cuánto azul de ultramar entrarían en la obra. Al mezclarse con blanco, ese precioso azul producía el celeste que originó la expresión. Pero existe también otra versión sobre ese origen, vinculada con la acepción religiosa de la palabra celeste, equivalente a celestial. En tal caso, serían los sacrificios realizados en la Tierra el precio de la gloria en el Cielo. Ambas versiones no se contradicen. Y ninguna de las dos deja duda de que cueste y celeste riman con muy justa razón.

ANCHA ES CASTILLA:
Es una expresión figurada mediante la cual suele expresarse un abanico de posibilidades para realizar una labor. Con más frecuencia se utiliza para expresar disgusto ante una persona que actúa impunemente, como si todo lo que estuviera a su alcance le perteneciera o pudiera hacer de ello un uso indiscriminado. El origen de este dicho popular viene del tiempo de la Reconquista española frente al Islam ocupador. Los reyes de León y los condes de Castilla, en su expansión hacia el sur de Al-Andalus solían ofrecer tierras y baldíos a los asturianos, montañeses y vizcaínos de sus ejércitos. La finalidad era completar asentamientos cristianos para expulsar a los musulmanes. Además, los reyes y los condes cristianos solían ofrecer ciertas cantidades de dinero para atraer a los repobladores de los lugares ocupados en la conquista. Cuando se proponían estas repoblaciones en la frontera del Duero, los nuevos pobladores tenían la posibilidad de elegir el lugar que más les conviniera y que fuera de su agrado. De ahí el dicho de “Ancha es Castilla”.

ANDE YO CALIENTE Y RIASE LA GENTE:
La expresión “ande yo caliente y ríase la gente” está referida a quien prefiere su gusto y beneficio personal al bien parecer general, sea contrario o favorable. Equivalente a la inglesa "I'm all right, Jack", su origen podría deberse a la cantidad de prendas de abrigo que había que ponerse durante los crudos días del invierno para combatir el frío, hasta el extremo de rayar en el ridículo. El poeta cordobés, Luis de Góngora y Argote [1561-1627], compuso este poema que se origina de la expresión que citamos.
ÁNDEME YO CALIENTE
Y RÍASE LA GENTE

Traten otros del gobierno
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días
mantequillas y pan tierno;
y las mañanas de invierno
naranjada y aguardiente,

y ríase la gente.

Coma en dorada vajilla
el Principe mil cuidados
como pildoras dorados,
que yo en mi pobre mesilla
quiero más una morcilla
que en el asador reviente,

y ríase la gente.

Cuando cubra las montañas
de blanca nieve el enero,
tenga yo lleno el brasero
de bellotas y castañas,
y quién las dulces patrañas
del Rey que rabió me cuente,

y ríase la gente.

Busque muy en hora buena
el mercader nuevos soles;
yo conchas y caracoles
entre la menuda arena,
escuchando a Filomena
sobre el chopo de la fuente,

y ríase la gente.

Pase a media noche el mar,
y arda en amorosa llama
Leandro por ver su dama;
que yo más quiero pasar
del golfo de mi lagar
la blanca o roja corriente,

y ríase la gente.

Pues Amor es tan cruel
que de Príamo y su amada
hace tálamo una espada,
do se junten ella y él,
sea mi Tisbe un pastel
y la espada sea mi diente,

y ríase la gente


APAGA Y VÁMOSOS:
Para explicar el origen de este dicho debemos relatar un original desafío sostenido hace siglos por dos sacerdotes del pueblo de Pitres, en Granada. Sucede que ambos clérigos eran aspirantes a una capellanía castrense y decidieron un día apostar cuál de los dos sería el que dijera la misa más rápidamente, es decir, en menos tiempo. Una vez dispuesto el día de realización del original duelo, el primero de ellos subió al altar y dijo: "Ite, misa est", forma que hoy equivale a lo que los sacerdotes católicos expresan cuando dicen: "Hemos celebrado la Misa. Podéis ir en paz". El segundo, que ya veía que su contrincante había sacado ventaja, dudó un instante, giró, miró a su monaguillo y le dijo: “Apaga y vámonos”, con lo que a nadie le quedó duda de que su "misa" había sido la más breve.

ARMARSE LA GORDA:
Dicho popular que se aplica referido a alboroto y refriega y que se utiliza con previsión de futuro (“se va a armar la gorda”) e indica la proximidad de un acontecimiento violento y sonado. Es de origen histórico y se refiere a “La Gorda”, nombre con el que se conoció en Andalucía la revolución española de 1.868 contra la inoperancia del reinado de Isabel II. Dicha revolución fue más comúnmente conocida como “La Gloriosa” o “La Septembrina”, por haberse producido en el mes de septiembre. Los liberales españoles, que perseguían la instauración de una república parlamentaria, esperaban que se produjera la gran revolución, la definitiva, la gorda, aunque a la postre fue tan inoperante como el régimen monárquico al que sustituyó.

ARMARSE LA MARIMORENA:
Este dicho que usamos al referirnos al inicio de una gran discusión, parece ser que alude a las controversias que armó en el Siglo XVI una tabernera de Madrid, conocida con el nombre de Mari Morena. Está documentado en los Archivos de la Casa y Corte de la Villa de Madrid dentro de las causas judiciales que hubieron lugar en el año 1579.Una de esas causas fue promovida contra Alonso de Zayas y Mari Morena, su mujer, tabernera de corte, por tener en su casa cueros de vinos y no querer venderlos. Es por esto que el nombre y el apellido de esta mujer encausada, su clase y la calidad de su culpa, dieron origen desde el año 1579 a la expresión, hoy muy usual de “marimorena” como sinónimo de pendencia.